Ensayo · Música Tradicional
Juan Rodríguez Huerta: gaitero de Teverga y constructor de gaitas
Cuarta entrega de la serie: Juan el de la Torre, gaitero de Teverga y constructor de gaitas, que tocó en la guerra y en la dictadura.
El 19 de febrero de 1995, el teatro Campoamor de Oviedo estaba lleno. Había banda de gaitas, concurso de folklore y, entre una actuación y otra, un homenaje. Una mujer subió al escenario, visiblemente emocionada, y el Gaiteru de Veriña —el protagonista de la entrega anterior— le entregó un presente. Era la hija de un gaitero que había muerto quince meses antes: Juan Rodríguez Huerta, «Juan el de la Torre».
Cuando se cuenta la historia de la gaita asturiana suelen aparecer los mismos nombres: los que grabaron discos, ganaron certámenes o salieron en los libros. Pero la gaita no llegó hasta hoy solo por ellos. También la sostuvieron gaiteros menos conocidos que siguieron tocando cuando no era fácil: en una guerra, bajo una dictadura, durante el éxodo rural que vació los pueblos. El Gaiteru de Veriña fue uno de ellos. Juan Huerta, otro.
De Juan hay muy poco escrito: una página en un libro de 1996 y una crónica de periódico. El resto hubo que ir a buscarlo, y está repartido entre cajas de archivo, un casete de 1976 y la memoria de su familia. La he ido recomponiendo dentro de mi investigación sobre los músicos populares de Proaza y Teverga, pateando archivos y sentándome a hablar con quienes lo conocieron.
Juan Rodríguez Huerta nació el 10 de octubre de 1915 en La Torre (Teverga) y murió el 22 de noviembre de 1993, a los 78 años. En los círculos folclóricos lo llamaban «Juan el de la Torre» o, simplemente, Juan Huerta.
Cuando iba a cumplir dieciocho años, hacia 1933, le pidió a su cuñado Joselín Quiñones, un gaitero popular de Torce, que le enseñara a tocar la gaita, y aprendió rápido. Al año siguiente, un viejo gaitero al que habían amputado la mano derecha y ya no podía tocar le regaló su gaita. Juan la recibió, cuenta el libro, «como un tesoro». Practicaba durante horas imitando a los gaiteros de Teverga, y los «cortes de la melodía» y los dos «requintos» —las notas más agudas del punteru— de la escuela occidental de gaiteros de Teverga dejaron muy pronto de tener secretos para él.
Gaitero en la guerra y bajo la dictadura
Por edad, a Juan le tocó ir a la guerra civil. La gaita fue con él, según recuerda su familia, aunque el libro de 1996 lo resume así: «le llega el tiempo de la mili, en realidad de la guerra civil española. Es un paréntesis en su carrera musical». No es el único gaitero al que la guerra obligó a ingeniárselas: Norino’l gaiteru, de Sotrondio, contaba en 2008 que, destinado en un batallón de trabajadores en Valencia, hizo una gaita con lo que tenía a mano: la copa con un embudo de madera y el fuelle con un perro que habían robado a un batallón de alemanes.
En su familia recuerdan además un episodio en León. Combatía en el bando republicano y su sargento los entregó al ejército nacional, de modo que, desde ese momento, le tocó disparar al otro lado. Es un recuerdo familiar, contado por un tercero, que no he podido contrastar con documentos. De aquel tiempo a Juan le quedó la idea de que los dos bandos fueron parecidos.
Terminada la guerra, Juan siguió siendo gaitero dentro de la dictadura franquista. Su repertorio era muy amplio: jotas, muñeiras, el son d’arriba, las melodías procesionales y, sobre todo, la «misa de gaita de Teverga». Tocaba también las melodías de moda para el «baile agarrao», con bombo, tambor y platillos.
Tocó en una visita de Franco a Oviedo. El libro de 1996 la sitúa «al iniciarse la década de los cuarenta» y cuenta que los organizadores buscaron «al mejor de los gaiteros de aquellos años»: su intervención, frente al antiguo Cuartel de Santa Clara, «resultó brillantísima y fue aplaudidísimo». En su familia creen que fue en 1946. Desfiló durante años en el Día de América en Asturias y tocó muchos años en las fiestas ovetenses del Martes de Campo y La Balesquida.
Cuando volvía a Teverga, la gaita seguía sonando en casa. Tocaba en un lugar llamado el Fontán, y lo acompañaban sus hijos con bombo y platillo.
Aquella gaita quedó registrada ya en 1976. En abril de ese año, Celso Peyroux, escritor y cronista oficial de Teverga, grabó a Juan en un casete, y su archivo sonoro lo describe como «uno de los grandes gaiteros que tuvo Teverga junto a Julio de Fresnedo y Floro Regina. Tocaban pa bailar a lo agarrao». Dos años después, en 1978, lo requirieron para tocar su Misa de Gaita en la iglesia de San Juan el Real, en Oviedo, con el tenor Joaquín Pixán como cantante.
Lo que hacía con las manos
Su sustento no venía de la música. Era conserje en Oviedo, en ERCOA, una eléctrica asturiana fundada en 1904 como Electricista de Langreo. Pero entre una tarea y otra de su puesto, terminaba payuelas.
La payuela es la lengüeta de la gaita, una pieza diminuta de la que depende cómo suena todo el punteru, el tubo de la melodía. Terminarla, lijarla hasta dejarla justo a gusto del gaitero, exige paciencia y mano. Es el oficio del que hablo en «La payuela, el alma de la gaita asturiana», y Juan lo hacía con esmero, tanto en su taller como en el trabajo. Y no solo payuelas. Según el libro de 1996, construía también gaitas: no las vendía, las hacía para sus amigos. Sus fuelles de piel curtida eran muy solicitados, sus punteros se apreciaban «por su perfecta afinación y timbre agradabilísimo», y de payuelas hizo «a montones». Arreglaba las gaitas que pasaban por sus manos —fuelles, sopletes— y cosía los vestidos, la funda de tela que cubre el fol, la bolsa de aire del instrumento.
Ese saber atraía a otros gaiteros. Por la casa de Juan pasó gente importante de la gaita asturiana: Xuacu Amieva y Alberto Fernández, que quería saber cómo hacía las payuelas y cómo mantenía las gaitas, y el Pravianu y Manolo Quirós, a quienes dio clase. A Quirós, además, le reñía por marcar el ritmo con el pie.
Según el libro, hubo años en que dejó la gaita; la nostalgia lo hizo volver y enseñar a jóvenes, entre ellos Rogelio, «el gaiterín de Quintanal», y el propio Quirós, que llegarían al grupo de gaiteros del Centro Asturiano de Madrid. Cuando daba clase, dejaba tocar solo el punteru, sin la gaita completa: el alumnado trabajaba primero los dedos y dejaba el fuelle para después. Su último tamboritero, el músico que lo acompañaba con el tambor, la pareja tradicional de la gaita, fue Manolo Brañes.
Homenaje en el Campoamor
Volvamos a aquel domingo de 1995. El homenaje se celebró dentro del III Concurso y muestra de folklore «Ciudad de Oviedo», y La Nueva España lo contó al día siguiente: «el gran gaitero tevergano Juan Rodríguez Huerta», «notable intérprete que fue, además, un excepcional constructor de gaitas». Se sumó, además del Gaiteru de Veriña, Celso Peyroux, el mismo que lo había grabado en 1976, que leyó una aproximación poética a su figura.
Su hija lo resumió en una frase: «Era un gran enamorado de la gaita, del folklore». Su especialidad, contó, eran las misas de gaita, y «le emocionaban mucho».
Su hija no exageraba. El libro de 1996 cuenta que en la iglesia «interpretaba fervorosamente una de las tradicionales y famosas misas de gaita de Teverga» y que lograba «transmitir una profunda emoción a todos».
Esa especialidad se oye en aquella cinta de 1976: 19 segundos de un floréu d’entamu, el floreo con el que arranca un entemediu, la pieza breve que se toca en los descansos de la misa. Medio siglo después se los pasé a un algoritmo para ver qué descubría.
Un gaitero que combatió en una guerra, tocó bajo una dictadura y hacía él mismo sus payuelas y sus gaitas: así se mantiene una tradición cuando nadie la escribe. Y sin gente como Juan, hoy no habría nada que contar. Así lo resumía el libro de 1996: «uno de los mejores gaiteros de Asturias y el mejor intérprete de las legendarias misas de gaita».
Transcripción del vídeo
Un homenaje en el Campoamor
La serie «Gaiteros de la Tradición» llega a Juan Rodríguez Huerta, nacido en Teverga en 1915 y conocido como «Juan el de la Torre». El vídeo recorre su historia desde tres ángulos: el gaitero que sostuvo la tradición en los momentos más duros, el artesano que fabricaba instrumentos y el maestro que pasó el testigo. Empieza por el final: el 19 de febrero de 1995, en el teatro Campoamor de Oviedo, durante el III Concurso y muestra de folklore «Ciudad de Oviedo», el certamen se detiene para un homenaje póstumo. Una mujer sube al escenario, emocionada, y el Gaiteru de Veriña le entrega un presente. Es la hija de un gaitero fallecido quince meses antes.
El gaitero y la misa de gaita
Juan aprendió a tocar a los 18 años, en La Torre, con su cuñado Joselín Quiñones, gaitero de Torce, y aprendió muy rápido. Un año después, un viejo gaitero al que le faltaba la mano derecha le regaló su gaita. Así absorbió la escuela occidental de gaiteros de Teverga: los cortes de la melodía y los dos requintos, la técnica para alcanzar las notas más agudas del punteru. Su especialidad era la misa de gaita, una eucaristía cantada en latín y acompañada con gaita de fuelle, Bien de Interés Cultural desde 2014. Dentro de ella destacan los entemedios, las piezas en que el canto calla y suena solo la gaita. En 1978 lo llamaron para tocarla en la iglesia de San Juan el Real, en Oviedo, con el tenor Joaquín Pixán.
Gaitero en la guerra y la dictadura
Con el servicio militar le llegó, en la práctica, la guerra civil. Las fuentes lo describen como un paréntesis en su carrera musical. Hay poco documentado, pero su familia recuerda un episodio en León: estando formados en una plaza, un superior cambió a su grupo de bando. Al iniciarse los años cuarenta —según su familia, en 1946— hubo una visita oficial de Franco a Oviedo, y para el recibimiento frente al antiguo cuartel de Santa Clara se pidió un gaitero: tocó Juan.
Entre fiestas y peñas
Después de la guerra no guardó la gaita: siguió tocando en romerías, bailes, procesiones y misas, y así mantuvo vivos los repertorios de Teverga. Cuando subía a Teverga tocaba en Torce, en el Fontán, con sus hijos al bombo y al platillo. En Oviedo tocó muchos años en el Martes de Campo y La Balesquida y desfiló varios años en el Día de América en Asturias. Fue decano de la Peña de los Quince, un grupo de gaiteros y tamboriteros que se juntaba a comer, a cenar y a tocar, y cuyas comidas promovía el Marqués de Proaza, Camilo Álvarez.
El constructor de gaitas
Trabajaba de conserje y, entre las tareas de su puesto, fabricaba piezas del instrumento: el punteru, el fuelle y las payuelas, las pequeñas lengüetas de caña de las que nace el sonido. Construía gaitas de varios tipos según el sonido buscado: la grillera, más aguda y picaresca, para el baile; la redonda, más recia y nostálgica; y la tumbal, más grave, pensada para la solemnidad de la liturgia. No las vendía: las hacía para sus amigos. En 1995 La Nueva España lo llamó «excepcional constructor de gaitas».
Transmitir el oficio
Enseñó a su cuñado Ito, a Rogelio, «el gaiterín de Quintanal», y a Manolo Quirós; estos dos acabaron en el Centro Asturiano de Madrid. También pasaban por su casa el Pravianu y Alberto Fernández, que quería descubrir cómo hacía las payuelas. De Quirós se cuenta que Juan le reñía por marcar el ritmo con el pie. Como maestro era riguroso: el alumno no podía colgarse la gaita completa al principio, solo tocaba el punteru, para dominar la digitación antes que lo demás.
Así sonaba y legado
De Juan solo queda el audio de 19 segundos de un floréu d’entamu, el adorno de inicio de un entemediu de misa de gaita, grabado en casete por Celso Peyroux en 1976. La ficha del archivo que lo conserva lo cuenta entre los grandes gaiteros de Teverga. El vídeo vuelve al Campoamor de 1995: junto al Gaiteru de Veriña estuvo Celso Peyroux, que leyó una aproximación poética a su figura, y su hija resumió su vida: «era un gran enamorado de la gaita, del folklore». El cierre propone una pregunta: cuánta de nuestra historia cultural descansa sobre estos guardianes silenciosos que, sin buscar los focos, protegieron la tradición.
Bibliografía
- Investigación de campo y archivística realizada por Tever sobre los músicos populares de Proaza y Teverga: entrevistas a la familia de Juan Rodríguez Huerta.
- «Espectáculo y concursantes de calidad en la primera semifinal», L. M. Arce, La Nueva España, 20 de febrero de 1995, p. 75 (crónica del homenaje).
- Entrevistas a la familia de Juan Rodríguez Huerta (recuerdos familiares sobre la guerra civil, sin contrastar con documentos, y sobre la visita de Franco a Oviedo, contrastada en parte con el libro de 1996).
- Marcilla, José María (1996). Concurso y muestra de folklore «Ciudad de Oviedo». Un hito en la historia de la cultura asturiana. Oviedo: Ayuntamiento de Oviedo, p. 164 («Juan, “el de la Torre”»).
- «El Pueblu d’Asturies suma a su colección de música un disco de “Norino’l gaiteru”», Marcos León, La Nueva España, 12 de diciembre de 2008: lne.es.
- Archivo Sonoro de Celso Peyroux, casete nº 1 (abril de 1976, Oviedo): Juan Huerta, «Entemediu en 3/8».
- «De Electricista de Langreo a ERCOA», Electrogás.org, 6 de enero de 2021: electrogas.org.