Guía · Música Tradicional
¿Qué es la música tradicional asturiana?
La música tradicional asturiana no es un instrumento ni un museo: es un sistema con repertorio, transmisión oral y contextos sociales reales. Aquí lo explico completo, y sitúo dónde encaja la gaita dentro de él.
La música tradicional asturiana es un sistema, no un instrumento ni una vitrina. Tiene repertorio propio —piezas de baile, de canto, de ritual—, se transmite de oído entre generaciones, y solo cobra sentido dentro de contextos sociales concretos: una romería, los aguilandos de diciembre, una despedida. La gaita asturiana es la pieza más visible de ese sistema, pero solo una pieza. Esta guía explica el conjunto.
Llevo años tocando dentro de ese sistema, no solo el instrumento que más se ve desde fuera. Voy a contarte cómo encaja todo.
Qué es y qué no es música tradicional
Aquí conviene pararse, porque dos palabras que se usan como sinónimos no lo son: tradicional y popular.
Música tradicional es la que se transmite de oído, de generación en generación, dentro de una comunidad que no atribuye la autoría a nadie en concreto. Nadie firma una alborada. Nadie cobra derechos por una xirandilla. La pieza pertenece a quien la toca porque quien la tocó antes se la enseñó así, y esa cadena se pierde en el tiempo. Eso es lo que la etnomusicología entiende por tradicional: anonimato de autoría y transmisión comunitaria, no un estilo ni una época concreta.
Música popular es otra cosa, aunque el habla cotidiana las mezcle sin problema. Puede tener autor conocido, puede nacer en un estudio de grabación, puede difundirse por radio o por streaming. Lo que la hace “popular” es el alcance —mucha gente la conoce, mucha gente la canta— no el modo en que se transmitió ni quién la compuso. Una canción de autor asturiano con éxito masivo es música popular asturiana. No es, por eso solo, música tradicional asturiana.
La confusión viene de que ambas conviven y a veces se cruzan: una pieza tradicional puede volverse popular si suena mucho, y una pieza popular puede acabar entrando en la tradición si una comunidad la adopta y la sigue tocando generación tras generación hasta que ya nadie recuerda quién la trajo —algo parecido a lo que cuento en el caso de la Danza del oso. Pero el origen de cada una sigue siendo distinto, y merece la pena no mezclarlos.
Y hay algo más importante que cualquier etiqueta académica: la música tradicional no vive en un catálogo ni en un archivo de partituras. Vive en la memoria conjunta de los pueblos. No es un objeto de estudio que alguien conserva desde fuera —es algo que una comunidad sigue haciendo suyo, semana tras semana, fiesta tras fiesta, porque decide seguir tocándolo. El día que deja de tocarse, deja de ser tradición y pasa a ser historia. Mientras se toca, está viva.
Un sistema, no un instrumento
Cuando alguien de fuera piensa en “música tradicional asturiana” suele pensar directamente en la gaita. Es comprensible: es el instrumento más reconocible, el que suena en la romería y el que se ve en las fotos —el que sale en el cartel del festival, el que graba el turista con el móvil. Pero reducir la tradición a la gaita es quedarse con una pieza y perder el resto del sistema.
Lo que sí es la música tradicional asturiana es tres cosas trabajando juntas:
- Un repertorio. Piezas de baile, de canto y de ritual con forma propia, no un batiburrillo de melodías sueltas.
- Un modo de transmisión. De oído, de maestro a aprendiz, generación tras generación —y, cada vez más, también desde el conservatorio.
- Un conjunto de contextos sociales. La música no suena en abstracto: suena en la fiesta, en los aguilandos de diciembre, en los actos serios y las despedidas, porque cumple una función concreta en cada uno de esos momentos.
Quita cualquiera de las tres y deja de ser lo mismo. Un repertorio sin contexto social es partitura muerta. Un contexto sin repertorio es solo ruido de fondo. Y una transmisión sin las otras dos no transmite nada con sentido.
El repertorio: qué tipos de pieza hay
El repertorio tradicional asturiano se organiza por familias, no por un catálogo cerrado de títulos —y ninguna lista, esta incluida, agota lo que existe. Algunos ejemplos de esas familias, para hacerse una idea del abanico:
- Alboradas. Piezas de amanecer, ligadas a la apertura de la fiesta. Carácter solemne, aire abierto.
- Marchas procesionales. El repertorio ceremonial, vinculado a romerías y actos solemnes —incluidos los funerales.
- Xirandillas. Piezas de baile, vivas, de compás marcado.
- Muiñeiras. Danza de raíz compartida con el noroeste peninsular.
- Saltones. Bailes sueltos de ritmo vivo y rebote marcado, pensados para el corro festivo más que para la escucha reposada.
- Xotes. La jota asturiana, baile de pareja de compás bien marcado, con variantes propias de comarca.
- Agarraos. No una pieza sino toda una familia: bailes de pareja cerrada —vals, tango, polka— que el pueblo adaptó a su manera desde finales del siglo XIX, por oposición a los bailes “sueltos” como la jota o el xiringüelu, donde no hay agarre fijo entre los danzantes.
- Danza prima. Danza en corro cantada, sin instrumento, presente en la práctica totalidad de Asturies con variantes locales —un ejemplo de que el repertorio tradicional no siempre necesita gaita para sostenerse.
Junto a esto hay un cancionero amplio: canciones de trabajo, aguilandos navideños, tonadas. No todo el repertorio pasa por la gaita. Hay canción a capela, hay tambor, hay pandereta acompañando el canto y la danza en muchos contextos festivos donde la gaita no está presente o no es protagonista. La gaita lleva la melodía instrumental cuando toca hacerlo, pero el sistema es más amplio que su presencia. Lo desarrollé pieza a pieza, con un orden razonable para escucharlo o tocarlo, en repertorio tradicional asturiano: por dónde empezar.
Transmisión oral vs. conservatorio
Antes de que existiera una sola partitura de gaita asturiana, ya existía el repertorio. Durante siglos, se transmitió de oído: un maestro tocaba, un aprendiz escuchaba y repetía, y así una y otra vez hasta que la pieza quedaba fijada en la memoria del cuerpo, no en el papel. No había partitura de por medio en la mayoría de los casos —la escritura llegó después, con recopiladores como Torner a principios del siglo XX, y sirvió para documentar lo que ya vivía de oído, no para sustituirlo.
Esa transmisión oral sigue viva hoy, en las cuadrillas, en las bandas, en quien aprende escuchando tocar a otro gaitero antes de leer una nota. Pero desde los años ochenta y noventa convive con una vía nueva: el conservatorio. La gaita asturiana entró en la enseñanza reglada, con programas, exámenes y titulación, y eso cambió el mapa de quién enseña y cómo se aprende. Hoy describo ese panorama institucional completo en gaita asturiana hoy: conservatorio, escuelas, bandas.
Las dos vías no compiten entre sí, aunque a veces se las presente como si lo hicieran. La transmisión oral aporta lo que ninguna partitura recoge del todo: el fraseo, el adorno, el modo de respirar una frase. El conservatorio aporta rigor técnico, continuidad institucional y la garantía de que la tradición no depende solo de que un maestro concreto tenga tiempo o ganas de enseñar. Un gaitero formado hoy suele pasar por las dos.
Los contextos: dónde vive de verdad esta música
Aquí está la parte que más se olvida cuando se habla de tradición desde fuera: esta música no existe para ser escuchada en abstracto. Existe para cumplir una función en un momento social concreto. Y de todos esos momentos hay uno que sostiene el sistema entero, con diferencia sobre los demás.
La fiesta y la romería
Es el contexto que más música mueve, el que más gaiteros pone en la calle y el que marca el calendario real de la tradición: de mayo a septiembre, casi todos los pueblos de Asturies celebran la suya, y esa celebración necesita música en cada tramo del día. La alborada abre la fiesta al amanecer, cuando todavía no hay gente en la plaza y el gaitero toca casi para sí mismo y para quien madruga. Después llega el desfile, con la marcha procesional marcando el paso de la comitiva —imagen, cofradía o autoridades locales, según la fiesta—. Y por la tarde, cuando la plaza se llena, entra el repertorio de baile: xirandillas, saltones, xotes, agarraos, cada uno con su corro y su momento.
No es un evento aislado, es un ciclo que se repite pueblo a pueblo todo el verano, y es donde la mayoría de gaiteros asturianos toca la mayoría de las veces que toca. Si alguien quiere entender de un vistazo por qué la música tradicional asturiana sigue viva y no es pieza de museo, la romería de un domingo de julio es la prueba más directa: ahí no hay escenario ni entrada, hay gente bailando porque le corresponde bailar ese día, en ese pueblo, con esa música.
Junto a la romería mayor están las fiestas de menor escala —la del barrio, la de la parroquia— que replican el mismo patrón a tamaño reducido, y sostienen la tradición en los años en que la fiesta grande no puede celebrarse. Es, en conjunto, el contexto que explica por qué hay gaiteros: sin romería que tocar, buena parte del repertorio no tendría dónde sonar.
Los otros dos contextos que desarrollo debajo, los aguilandos de diciembre y los actos serios e institucionales, son más puntuales pero no menos reales.
Los aguilandos de diciembre
Un ejemplo menos conocido fuera de Asturies: en diciembre, la tradición no se apoya en la gaita, sino en el canto. Los aguilandos son los cantares propios de la época navideña asturiana, ligados a la costumbre de ir de casa en casa pidiendo el aguinaldo —cantar a cambio de algo de comer, de beber o de unas monedas—. Son tradición oral en estado puro: cancionero anónimo, recopilado por Torner a principios del siglo XX, que se sigue cantando sin necesidad de instrumento.
El Ramu Nadal —un ornamento navideño de origen pagano, armazón de madera con ramas verdes, velas y ofrendas colgantes, documentado en comunidades como Cuñaba, Peñamellera Baxa, Cangas del Narcea o Ibias— es el contexto festivo donde tradicionalmente suenan estos aguilandos. Yo mismo tomé dos piezas del cancionero de Torner y las reinterpreté como villancicos asturianos para acompañar esa tradición: lo cuento con detalle en Ramu Nadal: reinterpretar la tradición navideña asturiana. Es un buen ejemplo de que la música tradicional asturiana no vive solo en verano ni solo alrededor de la gaita: el aguilando se canta, no se toca con punteru y roncón.
Los actos serios: institucionales y despedidas
El contexto más serio del sistema, y el que mejor demuestra que esto no es folclore decorativo. Aquí conviene ser preciso: la gaita no toca en actos institucionales ni en funerales de forma sistemática, no es un uso fijado como sí lo es el de la fiesta. Suena en esos momentos cuando forma parte de una despedida concreta o cuando hay alguien ligado a la tradición detrás —un gaitero, una familia, una institución que decide que ese es el sonido que corresponde a ese momento.
Hay un precedente institucional que conozco por investigación de campo, de una entrevista con la familia del propio gaitero: el 19 de mayo de 1946, con motivo de la visita del general Franco a Uviéu —jornada que recoge la prensa de la época—, el gaiteru tevergano Juan Huerta tocó en el acto. Fue un acto de Estado, no una fiesta popular, y aun así la gaita asturiana estuvo ahí, cumpliendo una función solemne que nada tiene que ver con la romería.
Yo mismo he vivido esa misma función en primera persona, ya en clave de despedida y no de acto de Estado: toqué junto a varios compañeros gaiteros en el funeral del periodista Aurelio Argel, en 2018 —La Nueva España cubrió aquel homenaje. La marcha procesional cumple ahí una función ceremonial precisa: crear un tiempo suspendido en el que el duelo pueda existir sin que nadie tenga que explicar nada.
Esa asociación entre gaita y despedida no es exclusiva de Asturies. Cuento un caso paralelo, el de los bomberos y policías de origen irlandés y escocés en EE. UU., en por qué la gaita suena en los funerales americanos. No comparten origen con la tradición asturiana —son gaitas y pueblos distintos, del mismo arco atlántico pero sin relación directa entre sí—, y buena parte de que asociemos “gaita” con “funeral” de forma automática se la debemos también al cine y la televisión, que repitieron esa imagen hasta fijarla en el imaginario colectivo. Son dos tradiciones distintas resolviendo la misma necesidad humana, cada una con su propia historia.
Dónde encaja la gaita en todo esto
Con todo lo anterior ya puesto sobre la mesa, toca volver al instrumento del que se parte casi siempre. La gaita asturiana es el instrumento central de este sistema, pero no es el sistema entero. Es la voz melódica principal en buena parte del repertorio instrumental —alboradas, marchas, xirandillas—, y el instrumento que sostiene el bordón continuo del roncón bajo la melodía. Pero hay piezas del cancionero, como muchos aguilandos, que se cantan sin gaita. Y hay contextos, como el acompañamiento rítmico de una danza, donde el tambor lleva el peso mientras la gaita descansa.
Entender esta diferencia importa porque fuera de Asturies se suele nombrar el todo por la parte: se dice “la gaita” cuando en realidad se está hablando de todo el sistema de música tradicional asturiana. Es un atajo cómodo, pero atajo al fin. La gaita no es intercambiable con ninguna otra gaita del arco atlántico —lo desarrollé comparándola con la uilleann pipe irlandesa, con la gaita gallega y con la gaita escocesa— y tampoco es intercambiable con el sistema completo del que forma parte.
Un sistema vivo, no un archivo cerrado
Nada de esto está congelado. El repertorio se sigue tocando, grabando y componiendo desde la raíz. La prueba más clara es que piezas de fuera —como la Danza del oso, una polca centroeuropea llegada a Asturies en 1984— pueden entrar en el repertorio, echar raíces y volverse “nuestras” en pocas décadas. Un sistema vivo incorpora, no solo conserva.
Eso es lo que distingo de la idea de museo: un museo guarda piezas que ya no cambian. La música tradicional asturiana sigue cambiando, sigue absorbiendo, sigue sonando en contextos reales cada semana del año, porque sigue viva en la gente que la toca y la baila, no en una vitrina. Entender esto —repertorio, transmisión, contexto social, y la gaita como una pieza central pero no única— es entender la tradición como lo que de verdad es: un sistema en marcha.
Bibliografía
- Torner, Eduardo Martínez. Cancionero musical de la lírica popular asturiana. Centro de Estudios Históricos, 1920. Recopilación de referencia del repertorio tradicional asturiano: alboradas, xirandillas, muiñeiras y aguilandos con su contexto de uso.
- Fernández Velasco, Alberto. La gaita asturiana: historia, técnica y repertorio. Caja de Ahorros de Asturias, 1991. Descripción del instrumento y de las formas del repertorio, con su función ceremonial y festiva.
- Martí i Pérez, Josep. El folklorismo: uso y abuso de la tradición. Ronsel, 1996. Analiza la frontera entre lo tradicional —transmisión oral, comunitaria, sin autoría fija— y su transformación en producto de consumo con autoría y medios de difusión modernos, la distinción de base entre tradicional y popular que desarrollo en este artículo.
- ABC Sevilla, 19 de mayo de 1946. Hemeroteca digital que recoge la crónica de la visita del general Franco a Uviéu esa jornada.