Ensayo · Música Tradicional
La evolución de nuestro sonido: cómo la gaita asturiana aprendió a tocar con el mundo
La gaita que escuchas hoy en las plazas y los escenarios no es la misma de hace cien años. Es una gaita temperada. La historia de cómo ocurrió ese cambio, por qué fue necesario y quién lo hizo posible.
La gaita asturiana que escuchas hoy en las plazas —la que tocan las bandas, los aficionados y los profesionales en los escenarios— es una gaita temperada. Alberto Fernández Velasco lo hizo posible entre los años 80 y 90, cuando volcó criterios de ingeniería acústica sobre un instrumento que llevaba siglos afinándose únicamente contra sí mismo.
Para entender por qué ese cambio fue tan profundo, hay que bajarse del pedestal teórico y mirar hacia el prau: hacia el momento en que dejamos de tocar solos.
El pasado solitario: sintonizar únicamente con la raíz
Tradicionalmente, la gaita asturiana era un instrumento no temperado. Esto no significa que estuviera mal hecha; significa que tenía un objetivo único y muy específico: sonar perfecta contra su propio roncón.
El artesano construía el punteru siguiendo proporciones físicas naturales para que las notas empastaran con ese Do (o Si bemol) continuo del bordón. Era un diálogo privado entre el gaitero y su instrumento. Funcionaba de maravilla para el repertorio solista antiguo, pero tenía una frontera invisible muy clara: la gaita estaba aislada del resto del mapa musical. Si intentabas juntar varias gaitas de distintas procedencias, o meter un piano o una guitarra en la ecuación, aquello se convertía en una batalla campal de frecuencias.
El temperamento igual: el idioma de la fiesta compartida
Mi trabajo como gaitero se basa en la emoción, en hacer comunidad. Me contratan para que los vecinos celebren juntos sus festividades, para levantar el ánimo del pueblo en su día grande. Y para que la música sea una verdadera fiesta colectiva, necesita sumar fuerzas.
Aquí es donde entra el temperamento igual. Este sistema musical —el mismo que usa un piano o una guitarra moderna— divide la octava en doce semitonos exactamente iguales. Es una suerte de «reglamento universal» que estandariza las distancias entre las notas.
Cuando la gaita asturiana decidió jugar bajo estas reglas y adoptar el temperamento igual, todo cambió:
- Permitió el nacimiento de las bandas de gaites: hacer que veinte o treinta punteros suenen al unísono como una sola voz, sin que parezca un enjambre de avispas, es matemáticamente imposible sin el temperamento.
- Abrió las puertas a otros instrumentos: nos dio el pasaporte para tocar con orquestas, grupos de folk, pianos en celebraciones solemnes o guitarras en un festival.
El eslabón definitivo: Alberto Fernández Velasco
Esta transición no ocurrió por arte de magia. Tuvo nombres y apellidos, y el más importante de todos fue el artesano y gaitero Alberto Fernández Velasco. Él fue el gran precursor que volcó la historia de la gaita asturiana hacia la modernización.
| Etapa | Periodo | Qué ocurrió |
|---|---|---|
| La gaita tradicional aislada | Antes de los años 80 | Gaitas de afinación natural. Cada artesano tenía su propia plantilla. El instrumento solo se afina contra su propio roncón; la interpretación en grandes grupos es inviable. |
| La revolución en el taller de Velasco | Años 80 y 90 | Alberto Fernández Velasco aplica criterios científicos y de ingeniería acústica al torneado. Rediseña el punteru para adaptarlo al temperamento igual, logrando una estabilidad y una estandarización nunca vistas. |
| La era de las bandas de gaitas | Siglo XXI | Gracias al legado de Velasco, el folclore asturiano experimenta un boom sin precedentes. Las bandas se multiplican y la gaita asturiana alcanza la madurez técnica necesaria para girar por todo el mundo. |
Velasco no le quitó el alma al instrumento; al contrario, lo perfeccionó y lo salvó del aislamiento. Consiguió que la gaita mantuviera su fuerza y su carácter asturiano pero dentro de las frecuencias del mundo contemporáneo.
Respetar la herencia desde el presente
Hoy en día, cuando me subo a un escenario, cuando grabo en el estudio o cuando arropamos al vecino en el día de la fiesta mayor, lo hago con un instrumento afinado al milímetro.
Componer desde la raíz ya no significa cerrarse a las matemáticas de fuera. Significa entender que gracias al trabajo de maestros como Velasco, la gaita asturiana puede llevar su carga emocional —desde la euforia de la alborada hasta la sobriedad de la despedida en un cementerio— a cualquier rincón del mapa.
Si quieres ver cómo esa carga emocional se traduce en composición propia, lo cuento en Componer desde la raíz: cuando la música es el apellido.
Fuentes
- «Fallece Alberto Fernández Velasco, gran maestro de la gaita asturiana». La Nueva España, 30 de agosto de 2011.
- «El folclore llora la muerte de Velasco». El Comercio, 30 de agosto de 2011.
- «Alberto volcó la historia de la gaita asturiana hacia la perfeición del instrumentu». Asturies.com.
Preguntas frecuentes
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¿Cuándo empezaron a proliferar las bandas de gaitas asturianas?
Las bandas de gaitas asturianas se multiplicaron sobre todo a partir de finales de los años 80 y durante los 90, de la mano de la estandarización del temperamento igual impulsada por Alberto Fernández Velasco. Antes de esa transición, reunir veinte o treinta gaitas de distintos artesanos y conseguir que sonaran al unísono era matemáticamente inviable: cada instrumento tenía su propia afinación de referencia. Una vez que el punteru se normalizó para el temperamento igual, la formación en banda se volvió posible, y el folclore asturiano experimentó un boom de agrupaciones que continúa hasta hoy.
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¿En qué se diferencia la afinación natural de la gaita asturiana frente al temperamento igual?
La afinación natural (o no temperada) es la que tenía la gaita asturiana antes de la modernización: el artesano construía el punteru para que las notas empastaran con el roncón de ese instrumento concreto, siguiendo proporciones físicas. El resultado era perfecto para tocar solo —el diálogo entre punteru y roncón era impecable— pero hacía imposible tocar con otras gaitas de distintas procedencias o con instrumentos melódicos como piano o guitarra. El temperamento igual sacrifica esa perfección interna a cambio de un sistema universal: veinte gaitas de distintos talleres pueden sonar al unísono.
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¿Qué es el temperamento igual y por qué importa en la gaita asturiana?
El temperamento igual divide la octava en doce semitonos exactamente iguales, el mismo sistema que usa un piano o una guitarra. Para la gaita asturiana fue decisivo porque antes cada instrumento afinaba contra su propio roncón (afinación natural): era perfecto para tocar solo, pero imposible para tocar con otras gaitas o con instrumentos melódicos. Con el temperamento igual, la gaita tiene un «idioma musical» común con el resto de instrumentos del mundo. Es lo que hace posible las bandas de gaites y actuar junto a una orquesta o un grupo de folk.
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¿Quién fue Alberto Fernández Velasco y qué cambió en la gaita asturiana?
Alberto Fernández Velasco fue el artesano y gaitero que impulsó la modernización técnica de la gaita asturiana en los años 80 y 90. Aplicó criterios de ingeniería acústica al torneado del punteru: rediseñó sus proporciones para adaptarlo al temperamento igual, logrando una estabilidad y una estandarización que antes no existían. No quitó el alma al instrumento; al contrario, lo perfeccionó para que pudiera sonar con el mundo contemporáneo sin perder su carácter asturiano. Falleció en 2011.